CURRO ULZURRUN Imprimir

Exposición individual en la Galería Fúcares de Almagro.
Inauguración: Viernes, 30 de mayo de 2003. Hasta el 2 de Julio.

La Galería Fúcares de Almagro (Ciudad Real) presenta una exposición individual del artista Curro Ulzúrrun (Madrid 1959). La muestra recoge la producción reciente de este escultor madrileño que se mantiene independiente de las corrientes a la moda y de los usos habituales en su generación.

Se trata de un conjunto de frágiles piezas realizadas con plumón, plásticos, hilo, ramas o tablas, que edifican una delicadísima metáfora sobre lo precario de la condición humana desde la mirada del artista, llena de ternura e ironía.

Curro Ulzúrrun es un escultor que se escapa a las clasificaciones más habituales dentro de los artistas de su generación. Habituado a mantenerse en los límites del trabajo artesanal y las propuestas más conceptuales más cálidas, Ulzúrrun conjuga en su trabajo pares de contrarios en aparencia incompatibles pero que, entre sus manos, dan lugar a un mundo lleno de deslumbrantes hallazgos y encuentros de inesperada belleza y sensualidad.

De este modo, en su escultura se dan cita el objeto encontrado con la pieza de bulto redondo tradicional, aportando el primero jirones enteros del mundo de la vida que se someten a la voluntad artística no solo al ser escogidos, sino en la modulación "plástica" de la vieja disciplina escultórica. También lo constructivo va al encuentro de la talla, técnicas ambas que Ulzúrrun maneja con soltura: quitando y añadiendo, serrando y acoplando, atando y clavando o pegando materia(les). De hecho, éstos, los materiales mismos, en sus obras pueden ser los más nobles y tradicionales (bronce, piedra, mármoles y maderas), u otros de deshecho y completamente inusuales (lupas, alfileres, plumas, plásticos de color, raíces y ramas, cuerdas o lana, grafito o pigmentos, agua, los más diversos objetos...)

Es fácil detectar allí, por tanto, la latencia permanente de un substrato surrealista que en su caso está siempre sometido al control y construcción de "la imagen", la pieza, la obra antes que a la metamorfosis encadenada de los sentidos y su sucesión proliferante y desordenada. Buena muestra de ello son los trabajos que el artista viene realizando en los últimos años, desde que sus intereses se centran en llevar a cabo mobiliario y someras construcciones a partir de retazos del mundo vegetal y animal.

Y es que desde el año 2001 Ulzúrrun se dedica a montar muebles, tender puentes colgantes o levantar escaleras y otras edificaciones precarias (miradores, torres, nidos, malecones, escuetas fábricas de incierto uso, ...) anudando ramitas o maderas con minúsculos trozos de cordel, y completándolas con plumas de distintos colores así como otros elementos. El resultado, siempre inestable y a punto de ser barrido por un soplo de viento, alcanza cotas de sensibilidad y ternura asombrosas, pero en ningún momento se rinde a la sensiblería; diferenciándose también, con claridad, de todo ese discurso elaborado en torno a la narratividad femenina amparado en el ámbito de la intimidad y los valores afectivos, los subsentidos, lo doméstico, los estilemas de la manufactura y lo artesanal, la atracción telúrica y material por las sustancias y los frutos, etc.

Ulzúrrun se desprende con estas obras de su anterior ironía, un tanto disolvente y cáustica, sustituyéndola por cierta alegría más inmediata y, diríamos, ingenua. Aunque resulte paradógico viendo los equilibrios inestables que las balancean, su ligereza, delgadez y debilidad, con semejante cambio de actitud estas obras han ganado en profundidad y densidad, en seguridad y firmeza. Es como si el objetivo se hubiera definido con mucha mayor claridad al tiempo que lograba su levedad aéreao, por decirlo con palabras de Italo Calvino: Todos sabemos que existe una levedad delo frívolo, pero la levedad del pensar puede hacernos parecer pensada y opaca la frivolidad.

El caso es que, a través de su trabajo más reciente, Ulzúrrun certifica no sólo la singularidad de su propuesta escultórica, que atraviesa un tanto en solitario nuestro panorama nacional a la búsqueda de no se sabe que melancólica quimera (los ángeles, la casa en el cielo: domus coeli, la sombra habitable,...), sino que edifica unas rotundas metáforas sobre -¡paradoja!- la fragilidad de nuestra misma condición. Justo como Vicente Aleixandre anunciaba:

"Un pájaro de papel en el pecho
dice que el tiempo de los besos no ha llegado".

Con presencia expositiva constante desde principios de los ochenta, Ulzúrrun realiza su primera muestra en solitario Egam de Madrid en 1987, espacio con el que repetiría en 1989 y 1999. desde entonces ha llevado a cabo más de una veintena de individuales, entre los que cabe destacar las llevadas a cabo en la Fundación Mansaku, del Museo Chokoku no Mori de Japón (1988); en la Galería Windsor de Bilbao (1991); en la Galería OMR de México D.F (1995); en la barcelonesa Carles Poy (1997); en el Museo Barjola de Gijón (1999); en la madrileña Max Estrella (2001); o su última presentación pública el año pasado en el Castillo de Santa Bárbara de Alicante, organizada por la Fundación Capa, donde a modo de retrospectiva se recogía lo más destacado de su producción en los últimos cinco años. Su presencia en ARCO y ferias internacionales es constante desde los primeros noventa y su obra está representada en numerosas colecciones públicas nacionales.

Oscar Alonso Molina.