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Exposición individual en la Galería Fúcares de Almagro.
Inauguración: 18 de enero de 2003. Hasta el 26 de febrero.
Xisco Mensua (Barcelona, 1960) hace ya unos cuantos años que pinta y dibuja en un reino particular. Al igual que a los demás les pasa más tarde o más temprano, el lo ha perdido para siempre. Y lo siente.
En ese reino las cosas se hacen porque sí, no se sabe de nada pero se aprende de todo y, de la misma manera, se hacen todas las cosas, sin que en realidad se haga ninguna. En él domina el juego y la fantasía, lo que no está nada mal, pero quizá sea más interesante otra cosa. Por ejemplo, que todo esté postergado, excepto el momento presente. Aunque parezca que a va durar siempre, por desgracia no es así, como enseña con crudeza que día tras día se prepare su abandono.
Tiempo gastado en balde, aunque bien aprovechado, que Xisco Mensua se empeña en recuperar pacientemente. En él las experiencias son fugitivas y sin embargo quedan marcadas. Lo importante no es hacer nada bien, sino hacerlo por primera vez. La curiosidad vale más que el conocimiento. Y el asombro más que la costumbre.
En esta serie de pinturas y dibujos, Xisco Mensua abandona un poco una de sus maneras más características. Esos cuadros como pizarras escolares en las que la línea fluye y se evapora como el tiempo perdido y los sueños a medias recordados. Nocturnos pero no por ello tristes.
Los demás cuadros de esta muestra son tan claros como el día. Los tres grandes, por ejemplo, en los que tres muchachas que quizás sean tres musas flotan en espacios inmaculados que su sola presencia ilumina. A pesar de no proyectar sombra alguna, nadie podrá decir que son fantasmas. Cuadros claros por los que discurren, a veces con prisas, personajes de cuento, de película o de ensueño.
No son pocas las figuras que dormitan en estos cuadros de Xisco Mensua. Unas veces ven cosas que les gustan y otras no. Pero siempre disfrutan del cine de las sábanas blancas.
Hay una excepción. Un ciego. "Sin ojos", escribe con letras de asombro Xisco Mensua en uno de sus cuadros, no vaya a ser que alguien no se haya dado cuenta. Y no sería raro que pasara desapercibido, ya que la figura sale de la penumbra de un sueño, de la figura pintada o tal vez del pintor, un sueño casi olvidado, sin más detalles que esa ausencia atroz y cruel.
No hay más dolor en la pintura de Xisco Mensua que esta ceguera. Consuela poco pensar en la posibilidad de que a lo mejor el ciego no note el dolor.
Un manco no puede pillarse los dedos con la puerta, pero sí sentir la ausencia de la mano que le falta.
Horacio Fernández. |