
"El no la veía como", 2004.
Técnica mixta de película Orotone, oro y resina. 88 x 88 cms. 6/10.

"No quería hablar de esos años", 2004.
Técnica mixta de película Orotone, oro y resina. 88 x 88 cms. Edición 7.

"Murmuran los recuerdos", 2004.
Técnica mixta de película Orotone, oro y resina. 88 x 88 cms. Edición 10. |
"Jerarquías de la intimidad".
Exposición en la Galería Fúcares de Madrid.
Inauguración: 9 de Septiembre de 2004. Hasta el 16 de Octubre .
La obra de L. González Palma (Guatemala, 1957), asume conscientemente los determinantes formales -el aspecto, el aire- y muchas de las convenciones que la técnica fotográfica impuso a sus primeras imágenes a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Pero tal carácter, involuntariamente expresivo entonces, inherente como decimos a las propias condiciones de originen, es ahora empleado por el artista como un registro más susceptible de ser manejado con distancia y reserva, lo mismo que puede hacer con sus guiños a la puesta en escena y el encuadre de engañosa sencillez, la iluminación de foco único, el precario enfoque, etcétera, que también remiten a aquel tiempo.
Así, atendiendo a su rasgo más llamativo, todo el conjunto de tomas reunido aquí, para su individual madrileña en la galería Fúcares este otoño, se caracteriza por un fortísimo efecto de virado del blanco y negro original hacia el sepia, los sienas y el permanganato, que empuja su lectura hacia el campo del daguerrotipo y las primitivas exposiciones (W.H. Fox Talbot), el papel salado y el calotipo, la albúmina... Con sus formatos discretos, pero sin duda lejanos al origen del álbum o la tarjeta de visita, estas fotografías recientes de González Palma (lo expuesto es todo fruto de su trabajo en 2003-04) podríamos imaginarlas como ampliaciones intervenidas de viejos originales, rescatados del periodo colonial; efectivamente, como si de antiguas fotografías decimonónicas se tratara -o más bien, como si se partiera de ellas-, el artista guatemalteco se concentra en la puesta en escena de un mundo distante y raído, filtrado por un velo traslúcido que lo envuelve con ciertos dejes de melancolía. ¿Una naturaleza envuelta en niebla no es la condición necesaria para que los otros -el fantasma, las voces del pasado, la tradición- expresen su malestar y su tristeza en tiempo presente? Sin embargo, el craquelado del plano -un pan de oro discreto pero memorable, que convierte los retratos que aquí aparecen en iconos plenos de carne y piel tostada-, y los detalles que saltan al centro cargados de un poder desbaratador, nos hace comprender, de inmediato, que lo que aquí se manejan son estilemas propios de cierto y lejano realismo mágico intrínsecamente latinoamericano, donde la realidad reverbera en reflejos de dudosa certidumbre y el doble [sentido] acecha. Y es que la multitud de efectos surrealizantes que vemos despuntar aquí y allá, el gusto por lo bizarro y lo pintoresco desconcertante (estela sin convulsión de Joel-Peter Witkin), son estrategias empleadas con solvencia por este autor.
Sin embargo, cuando el cuadro escénico se puebla por personajes concretos, y más todavía cuando el plano se cierra sobre su figura o su rostro, los rasgos magicistas ceden a una indudable sensualidad de factura arcaizante, plena -¿edénica, originaria?- propia también de la fotografía decimonónica erótica, o incluso de la pornográfica. Pero estos trabajos de González Palma, que arrastran consigo algo del mundo del primitivo dibujo fotogénico -desde luego, al menos, su gama de color, tan especial-, el cristal opalino y de la cámara oscura, se caracterizan, quizás más todavía, por plantear con extrema sutileza y notable elegancia algunos de los temas más candentes que con tanto vigor se plantean en la escena artística internacional, como las cuestiones de la identidad cultural adscrita al territorio -o, como con violencia quiso la modernidad, a la unidad nacional-; la idea de resistencia estética a una globalización del gusto que nos condiciona en el rango, pero a la que todavía podemos ofrecer matices y detalle, mínimas correcciones, respuesta; o la innegable sensación de que es en el placer húmedo de la carne y sus jugos, la hoja fresca, el olor de alcobas cerradas donde anida, quizás, el sentido de seguir haciendo de las cosas objetivo de nuestra mirada.
Óscar Alonso Molina. Madrid, Agosto de 2004. |

"Se iba apagando la luz en la mirada", 2004.
Técnica mixta de película Orotone, oro y resina. 88 x 88 cms. Edición 10.

"Qué ocurriera en la oscuridad", 2004.
Técnica mixta de película Orotone, oro y resina. 88 x 88 cms. Edición 7.

"La desolación de su dulce voz", 2004.
Técnica mixta de película Orotone, oro y resina. 88 x 88 cms. Edición 7.

"En el instante que nada pasaba", 2004.
Técnica mixta de película Orotone, oro y resina. 88 x 88 cms. Edición 7.
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"Nunca le dijo algo triste", 2004.
Técnica mixta de película Orotone, oro y resina. 88 x 88 cms. Edición 7.

"Para no hablar de ella", 2004.
Técnica mixta de película Orotone, oro y resina. 88 x 88 cms. Edición 10.

"Mientras esperaba pensaba en el sueño", 2004.
Técnica mixta de película Orotone, oro y resina. 88 x 88 cms. Edición 10.

"Recordaba su silueta pálida", 2004.
Técnica mixta de película Orotone, oro y resina. 88 x 88 cms. Edición 10.
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