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Exposiciones: José Mª Guijarro - Topografías del lenguaje

José Mª Guijarro - Topografías del lenguaje

Jueves, 10/Septiembre/2015
Sábado, 10/Octubre/2015

Artistas



Los acróbatas andan con las manos – lo que nos parece imposible –como si fuera lo más normal; pues uno de mis amigos artistas, camina como un acróbata a su manera. Andando con las manos, sensibles como antenas, recorre cabeza abajo el cielo abismal, por un paisaje de palabras, visto al revés, y que él se ha propuesto medir. Textos de Ovidio, Virgilio, Quevedo, Kant, Hegel, Wittgenstein, siempre Hölderlin y especialmente Celan. La mano palpa el cuerpo de la palabra, sigue su curso, mide su voz. Calcula el peso y el contenido de la frase.

Línea a línea aprende la topografía del paisaje verbal, que recorre a mano. Escribiendo percibe la altura y profundidad geométricas del lenguaje, registra montañas y valles. José María Guijarro es un agrimensor de las palabras y las frases. Alguien como K., que sabe que hay esperanza, infinita esperanza, pero no para nosotros. Así la mano no para de escribir en el campo abierto de las palabras.

Registra la menor vibración, rastrea accidentes y llanos, vence repechos, resbala pendiente abajo. El baile del pincel es el de un sismógrafo que describa el movimiento del ser. La mano infatigable se desliza leyendo el paisaje del verbo. Lleno de amor y desamor, a veces irritado, porque la dificultad crece y se hace pesado el ejercicio manual de la escritura.

Insistiendo sin parar, se consigue. José María Guijarro sobrescribe una y otra vez lo que lee, no lo deja reposar. La mano infatigable va modificando la imagen del paisaje. Ennegrece las palabras, las hace desaparecer en la oscuridad, de la que vienen. Un afortunado olvido. Lo que permanece es sin embargo la forma, el molde, que es el contenido total. Uno es artista al precio de hacer de la forma, de lo que va a crear, su contenido, como ha señalado Nietzsche; y el agrimensor de textos José K., a través del paisaje de palabras, se apresura a atrapar lo que no se deja atrapar.

La acuarela negra fluye, primero densa y oscura, luego más clara, más y más ligera, se descarga, se agota. El pincel vacío de vuelta a la paleta se empapa de nuevo, gotea, resuda, negro se desangra y sigue describiendo el país de la palabra, volviéndolo oscuro.

ESBOZO DE UN PAISAJE

Circulares tumbas, abajo. A
cuatro tiempos el paso del año sobre 
las abruptas gradas en cerco.

Lavas, basaltos, roquedal
encandecido del corazón del mundo.
Toba de fuente
donde nos creció la luz ante
el aliento.

Verde oliva, pulverizada de mar la 
hora inaccesible. Hacia
el centro, gris, 
una ensilladura de piedra, encima,
abollada y carbonizada
la frente de animal con 
el lunar estrellado.

(Paul Celan. Reja del Lenguaje)

Nunca sentí más cercanas las palabras de Celan que al verlas como sinopsis del paisaje verbal de José María Guijarro.

Heinrich Heil.

En el taller de José María Guijarro.
Torre de Juan Abad, mayo de 2015.



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