Almagro

20 Feb 2009 / 20 Abr 2009

TAGO-MAGO

Magdalena Abele, Malte Bruns, Jan Erbelding, Paloma G. Dotor, Changje Hong, Johannes Kersting, Wataru Murakami, Kilian Ochs, Ria Patricia Röder, Josha Steffens, Jyrgen Ueberschär y Jasmin Werner.
Profesor: Elger Esser

La Galería Fúcares se complace en presentar el proyecto que Elger Esser, con sus alumnos de la Hochschule für Gestaltung de Karlsruhe, desarrollo en unas jornadas a través de la inmensidad de Castilla-La Mancha.
La mirada al este, al amanecer, nos llevó en nuestro primer viaje a Venecia. En el segundo viaje que hicimos el año pasado a España nos acompañó la mirada al oeste hacia – por lo menos desde nuestro punto de vista – al atardecer. Esta vez no solo fue la riqueza de una época pasada y su patrimonio cultural lo que dirigió nuestra vista, sino la naturaleza intacta, el espacio de la llanura, la luz fuerte y reluciente, los variados tonos ocres y rojos de Castilla-La Mancha: la tierra de Don Quijote y Sancho Panza. Nos encontramos con algo nuevo, con un extraño vacío silencioso que en el trabajo artístico exige el desarrollo de una mirada personal.
En este catálogo los jóvenes artistas presentan unas obras en las que se aprecian unos exitosos resultados. En el transcurso de los estudios, cada uno ha desarrollado su propio método y una particular mirada. La exposición es heterogénea, cada trabajo revela una mirada personal que transforma los temas de poco interés en resultados de mayor envergadura.
La fotografía se nutre de la realidad pero la mirada supera a la propia realidad. El conocimiento alimenta nuestra mirada, una excesiva reflexión impide su desarrollo. El método era la búsqueda en el amplio vacío del paisaje. Don Quijote, el primer místico simbolista de la literatura ha sido nuestro referente. Nos ha señalado el camino de la absurdidad cómica como transito al surrealismo trascendente de Luis Buñuel.
Aunque no sea un aspecto de mi trabajo personal, yo he vivido este particular momento surrealista que surge en este paisaje: En un pueblo pequeño que según la sociedad moderna ya no debería existir, casi olvidado puesto que no se encuentra en ningún mapa. Sin embargo, existe el pueblo en la lejanía y en los alrededores de Cuenca, en una capilla en ruinas, unas cuantas casas y establos. Allí se acerca un anciano y empieza a hablarme de la televisión y yo le hablo de la fotografía. Yo buscaba una imagen, él buscaba su cabra. Yo la vi pero él me respondió que buscaba otra. Yo le hablé de un paisaje, él me habló de su pueblo (que ya no debía de existir). “¿Usted es el único habitante? “; “No, somos dos”. Hablamos de la pobreza y la riqueza, de la dictadura y la libertad, de la juventud y la vejez. Y allí nos encontramos, él en su pueblo y yo en mi paisaje. Le pregunté por su mujer. “No, no tengo mujer. Tengo dos cabras, tres caballos y cinco gallinas”. No se me ocurrió nada más que decirle que soy profesor. “Si, yo también” me respondió, “enseñé a mi cabra a caminar con las rodillas”. De repente me di cuenta del espacio amplio de la llanura y de la luz fuerte y reluciente, percibí el olor de la tierra seca. Me quede mudo y por un instante le vi a él en mi paisaje y a mí mismo en su pueblo que ya no debería existir.

Elger Esser